Enrique Hernández-Luike No hay comentarios

PERO EL DIÉSEL MEJORARÁ CON LOS AVANCES DE LA TÉCNICA

EL GRAN PELIGRO DE LAS COLILLAS DE CIGARRILLOS

La contaminación progresiva en nuestro planeta es una preocupación en busca de soluciones urgentes. La primera: reducir las emisiones de los vehículos a motor. Este es un tema en pleno estudio por los ministros de medio ambiente de la Unión Europea. De momento se ha pactado bajar un 35% el CO2 antes de 2030.
La medida de penalizar con impuestos puede encontrar la respuesta adecuada en los fabricantes de vehículos, capaces de avances técnicos suficientes para reducir las emisiones. Una esperanza recientemente manifestada como probable por el presidente de Mercedes-Benz, Roland Schell.
Los problemas medioambientales, sin embargo, no son exclusivos del diésel. También el tabaco ha demostrado tener su influencia nefasta.
Aunque no soy fumador, he vivido la experiencia de antepasados míos afectados por su adicción al tabaco. De verdad, lo suficiente para no simpatizar con él. Acabo de leer la noticia de estar considerada como principal contaminación mundial las toneladas de colillas arrastradas por alcantarillas y ríos a todos los mares del mundo. ¿Cómo cortar el problema? ¿Con impuestos, con multas, con prohibiciones, con divulgación aleccionadora? Desde el modesto espacio de mi carta a los lectores, tengo poca oportunidad para manifestarme contra esta lacra, pero sí quiero hacer un ruego al conductor fumador: Cuando sólo te quede la colilla entre los dedos, usa el cenicero. No saques la mano por la ventanilla para dejarla caer casualmente.
A través de Internet descubro el proyecto LIBERA de SEOBirdLife y Ecoembes. Accedo al espacio web www.proyectolibera.org e introduzco la palabra “colillas” en el buscador. Son sorprendentes algunas cifras –por sí solas significan condenas contra el tabaco–: cada año, los habitantes del planeta Tierra fuman seis billones de cigarrillos y, de ellos, cuatro billones y medio de colillas quedan repartidas por el campo, los bosques, el monte y, sobre todo, por ríos, lagos, mares y océanos.
A veces, demasiado a menudo, colillas aún encendidas son causa de graves incendios. Además, las sustancias en sus filtros acaban disueltas en el agua y suponen un tóxico permanente para distintas especies acuáticas. Ballenas, delfines, tortugas, reptiles y aves son a menudo víctimas por la ingestión de estos elementos no biodegradables: sus estómagos se colapsan, dándoles sensación de saciedad y mueren por inanición.
Recomiendo visitar el sitio citado para estar al tanto del problema, fatal para la Naturaleza. A su lado, el peor gasoil parece agua bendita.